La relación del sonido con el cerebro humano

Un estudio de la Universitat de Barcelona ha identificado el proceso cerebral que, mientras dormimos, refuerza o debilita los recuerdos de los acontecimientos diarios. Según el trabajo, publicado en la revista científica The Journal of Neuroscience, el cerebro reactiva durante el sueño redes de recuerdos que están relacionados entre si, en lugar de recuerdos aislados. Además, los investigadores demuestran que en este proceso de reactivación, el cerebro también promueve el olvido de la información menos relevante y menos establecida a la red de recuerdos.

La primera autora del estudio, Javiera Oyarzún, explica que los recuerdos están almacenados en el cerebro en forma de redes donde los nódulos son similitudes entre los recuerdos. ‘Por eso cuando recordamos algo también recordamos información relacionada con aquel recuerdo’, expone. Según explica, la ventaja evolutiva de esta red, donde los recuerdos están físicamente conectados, es que cuando encontramos un estímulo nuevo podemos recuperar toda la información relacionada que a lo largo de la vida hemos guardado de momentos similares y así prever qué pasará.

Se activan diferentes zonas del cerebro

Por otro lado, el cerebro tiene mecanismos para que sólo cierta información se almacene a largo plazo. ‘Si no fuera así, el cerebro guardaría todo el que vivimos cada día y sería demasiado difícil acceder a determinados recuerdos porque habría demasiado ruido y la red estaría saturada’, expone Oyarzún, que explica que durante el sueño el cerebro reactiva recuerdos porque se consolidan a largo plazo en las redes neuronales. ‘Sólo se reactivan y refuerzan las memorias relevantes, es decir, las que tienen un contenido emocional, las que son nuevas y las que la persona cree que serán importantes en el futuro como puede ser un examen el día siguiente’, dice.

El experimento se basa en una técnica para reactivar recuerdos a voluntad. En 2009 se descubrió que se podían reactivar recuerdos si cada fragmento se asociaba a un sonido específico. Como las memorias se guardan en red, el experimento quería descubrir qué pasaba con los recuerdos asociados a aquellos que se reactivaban. ‘Sería muy poco práctico si siempre se reforzaran todos los recuerdos relacionados, las redes se acabarían saturando con información irrelevante’, dice Oyarzún.

Para el estudio, los participantes tenían que memorizar la localización en una cuadrícula de dos tandas de quince parejas de cartas idénticas con dibujos de animales, vehículos o instrumentos musicales. En una primera tanda, las cartas estaban situadas en diferentes posiciones de la cuadrícula. Después, en una segunda tanda, una de las cartas de la pareja cambiaba de lugar y la otra se mantenía al segundo lugar. El ejercicio pedía a los participantes formar dos conjuntos diferentes trazas de recuerdos que compartían un elemento común: la posición de una de las cartas de la pareja. Además, en la segunda tarde, las parejas de cartas se acompañaban de sueños relacionados con el contenido del dibujo que había en cada caso. De este modo, los investigadores podían inducir posteriormente la reactivación de los recuerdos con sueños.

El cerebro funciona mientras dormimos

Cuando los participantes dormían, los investigadores reprodujeron los sonidos seleccionados aleatoriamente para reactivar los recuerdos de las posiciones de las cartas asociadas. Cuando los participantes se despertaban, los investigadores evaluaban el recuerdo de la localización de la primera tanda de cartas que no habían sido asociadas a ningún sonido, pero que estaban relacionadas con las reactivadas y no reactivadas durante el sueño.

Para manipular la fuerza de asociación entre los recuerdos relacionados de la primera tanda con los de la segunda, los investigadores usaron dos grupos de participantes. En el primer grupo, el intervalo de aprendizaje era corto, mayor fuerza de asociación entre las parejas de cartas. ‘Esto hacía que las memorias se reforzaban y se recordaban mejor en comparación con aquellas cartas donde su pareja no había sido reactivada’, explica Oyarzún. En el segundo grupo, cuando el intervalo de aprendizaje era largo y, por lo tanto, la asociación entre las parejas de cartas de la primera y segunda tanda era más débil, las trazas de memorias se recordaban peor que aquellas cartas donde su pareja no había sido reactivada. ‘El cerebro eliminaba las memorias asociadas débilmente’, dice la investigadora.

En conclusión, el estudio demostró que durante el sueño el cerebro reactiva redes de recuerdos, no recuerdos aislados, y que olvida la información menos relevante y menos establecida a la red de recuerdos.

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